domingo, 10 de abril de 2016

So long, my friend...


Tres años y unos meses ha durado la aventura. No, no me he cansado de escribir, de visualizar historias mientras escucho música, de reflexionar sobre artistas, discos y conciertos. No tiene que ver con eso.

Necesito recomponer los pedazos, ser un todo, no fragmentarme tanto en las redes. Así que todos los escritos, tanto los que ya han sido publicados como los que puedan estar al caer, pasarán poco a poco a otro lugar, no necesariamente mejor, pero... diferente.

¿Habrá cosas que se pierdan? Por supuesto. Tiendo a leer y releer, y avergonzarme de mucho de lo que escribo. Pero habrá muchas otras que no. 

La idea es la siguiente. Poco a poco, este blog irá perdiendo entradas, hasta que sólo queden la primera y ésta, que será la última. Y entonces, será cerrado.

Ya lo cantaba Patrick Wolf en "Eulogy": So long, my friend, there must always be an end.

Las sombras de canción, cada vez más sombras, se asomarán en:

domingo, 24 de enero de 2016

¿Quién canta tu vida?


Muchas veces se repite la misma escena. Me pasa algo, o recuerdo algo que me ha pasado, y suele haber una canción que lo describe, si no a la perfección, de forma bastante aproximada. Es esa sensación de estar en una especie de musical, en el que otros van cantando mi vida. Vamos, lo que viene siendo mi banda sonora.

Podría empezar una lista kilométrica con todas las canciones con las que me siento muy identificado, pero sería alargar innecesariamente la cosa. Por eso, mejor centrarme en tres artistas que, por decirlo así, "me cantan a mí", Patrick Wolf, Aimee Mann y Tori Amos.

El inglés excéntrico e intenso es en muchas ocasiones como ese amigo muy cercano al que le cuentas un problema, y te sabe aconsejar porque justamente acaba de pasar por lo mismo. Te cuenta su experiencia y te sientes bien. "Anda, míralo, ha pasado por lo mismo / piensa igual que yo". A veces me lo imagino como un hermano mayor (aunque sólo tenga un año más que yo), asegurándome que lo que siento es normal, que todo lo que viva tendrá sentido cuando lo mire en perspectiva. 

A pesar de ser probablemente el disco que menos escucho de él, "Lycanthropy" todavía guarda alguna que otra canción que puede ser el camino a seguir, el camino adecuado...



I used to say just follow your heart 
But my heart always led me in circles 
and I used to say just follow your dreams 
but my dreams always led me to murder 

so now I don't say nothing at all 
I just bow my head to the battle 
a thousand miles above our heads 
they are weaving 
giant currents around the sun 
if you're brave enough you'll just let it happen 
if you're brave enough you'll just succumb 

Don't say no to it 

You cant say no to it 


La cantautora rubia, de apariencia gélida pero de sentido del humor impecable es la psicoterapeuta que te ayuda a verbalizar lo que te pasa. Con según qué canciones suyas, no puedo evitar pensar que es justamente lo que estoy sintiendo, pero concretado en palabras certeras, sencillas y clara. ¡La de veces que habré exclamado que me sentía como si se hubiera metido en mi cabecita y estuviera contando y cantando exactamente lo que no he sabido cómo expresar!

Es curioso cómo la primera vez que escuché esta canción, deseé no llegar nunca a ese punto, a cumplir los 31 y sentirme precisamente así. Ahora me doy cuenta de que no tiene por qué ser una sensación negativa, exactamente. Pero Aimee ya le había puesto letra y música, y compuesto esta muy reveladora canción.


I thought my life would be different somehow
I thought my life would be better by now
I thought my life would be different somehow
I thought my life would be better by now
But it's not, and I don't know where to turn


Una pianista pelirroja medio loca compone canciones que se convierten en parte de mi ADN, porque me agarran por dentro y no me sueltan. A lo mejor en un momento determinado no identifiqué esas composiciones con nada de lo que me pudiera estar pasando, pero, igual que zorros al acecho, saltan cuando menos lo espero, y esa melodía, o ese estribillo actúa como faro en mitad de la tormenta, para llevarme a tierra firme... o hacer que me ahogue en mis propias vivencias. Es la voz que sana y daña, que me hace recordar, que me hace sonreír y dejarme llevar.

Esta canción soy yo. La parálisis ante lo inevitable, ante lo que esté por venir, sea bueno o sea malo. La primera vez que la escuché estaba al borde de un gran cambio, que me echaba para atrás y me impedía reaccionar. Siempre que me he visto así, se me ha vuelto a aparecer vestida de mil maneras, desde la apagada versión de estudio, la versión en vivo con toques de órgano, la más contundente versión en directo con banda, hasta llegar a esta reencarnación... "so safe in my frame".


When I come to terms to terms with this
When I come to terms with this
When I come to terms to terms with this
My world will change for me


I haven't moved since the call came
Since the call came I haven't moved
I stare at the wall knowing on the other side
The storm that waits for me

domingo, 16 de noviembre de 2014

Soliconciertos (I)


Se dijo a sí mismo "no pasa nada, tienes que intentarlo al menos". Hacía más de dos años desde la última vez, pero esta vez era diferente. Había vuelto a dar pasos en falso. Se había arrepentido del renuncio máximo que trajo la última primavera. Todavía guardaba los restos del desastre.

No fue uno. No fueron dos. Fueron tres. Oro, plata y bronce. La cosa vino así, la cosa surgió así. Sin pensarlo mucho, se lanzó a la piscina, pensando que hasta que llegara el momento (¡no! ¡los momentos!), todavía faltaría tiempo, y se podría mentalizar.

El primer momento llegó, inminente, aterrador. Por ser el primero, sería el más duro. Comprobó una y otra vez las coordenadas. Se pertrechó de melodías certeras, y allí se presentó. La batalla tendría lugar en una isla que no era una isla, pero esa era la impresión. El agua lo rodeaba casi todo, y coronaba su frente con gotas de sudor nervioso. Creía que todos podían oler el miedo, saborear lentamente su derrota. Pero, ¿qué derrota? Sería una victoria. 

En mitad de todo. Posición privilegiada. La expectación, el último arrebato que lo empujaba a irse corriendo por donde había venido. Pero ya era tarde. Todo comenzaba, con un aperitivo que sabía a poco, pero que abría el apetito a la perfección. El plato principal. La batalla. El momento en el que todo tuvo sentido. La magia, las ráfagas de artillería musical volando por todos los lados. Su mantra, o uno de todos ellos. El virtuosismo aplastante. Y él, en su sitio, vibrando, dejándose llevar, y pensando una y otra vez que habría sido idiota si no hubiera aceptado ese reto autoimpuesto. Casi se quedó sin manos de tanto aplaudir. Casi se quedó sin aliento de tanto sobrecogerse, momento tras momento. Hasta el final.

Y durante el camino a casa, el frío en el cuerpo pero el calor en el alma. Al día siguiente, tendría la garganta rota, pero sí, habría sido una gran victoria.

"When I wake up in Cascade Street
I feel nothing, I feel nothing..."

martes, 28 de octubre de 2014

For what it's worth

Lo mira de reojo en el cine, trazando rápidamente su perfil. Tiene unas ganas locas de cogerle de la mano, de tocarle, de rozarle... pero el gesto de concentración lo frena. No, no es el momento.

Ha terminado la película, y los dos se han quedado hasta que los títulos de crédito desaparecen, y se hace la luz. Quiere decirle que le ha gustado mucho, no sólo la película, sino el pack completo, pero de su boca sólo salen algunos comentarios sobre el argumento, los actores, las animaciones. No, no es el momento.

Su mente vuela al día en el parque, tumbados en la hierba, compartiendo retazos de dos pasados que, curiosamente se complementan y se reflejan mutuamente más de lo que pensaban. Tampoco entonces fue el momento de acurrucarse junto a él, apoyar la cabeza en su pecho y esperar a que el tiempo se congelara.

De camino a la estación, la anécdota graciosa le regala un momento de contacto: se le engancha del brazo, la suavidad le derrite. En una décima de segundo, imagina un gigantesco botón de "Pause", y no puede evitar sonreír.

En la estación, los caminos se separan, sentidos opuestos de una línea gris, como las despedidas. No. No es el momento. ¿No lo es? ¿Se volverá a quedar con las ganas? ¿Soportará el trayecto con todo el peso de las oportunidades perdidas?

El abrazo del adiós se prolonga unos instantes más. Se empapa de su aroma, de su esencia. Todas y cada una de las células de su cuerpo parecen gritarle "¡AHORA!".

Y justo entonces, es el momento.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Somewhere only we know...


Han pasado diez años, llenos de canas, risas descontroladas, caricias, pasión, discusiones, distanciamiento, ansias, besos, cambios de trabajo, de domicilio. Diez años de música, de ver películas acurrucados bajo una manta en quinientos días de invierno, de sueños aún por cumplir, de maletas y aviones, de pasteles y té. Ciento veinte meses que levantan el vuelo, y el batir de sus alas casi marea.

Lo mira mientras duerme, memorizando como cada mañana el ritmo de su respiración. Sonríe, y lo ve despertar lentamente. Se miran un instante, en silencio, reflejándose ambos en esos lagos de verde relativo. "Buenos días, guapo", casi susurra, justo antes de darle un beso.

En el abrazo, más largo de lo habitual, le susurra al oído "ven, te tengo preparada una sorpresa".  Con la sonrisa todavía pintada en la cara, no puede evitar dejarse llevar.

Salen del edificio apresuradamente. No sabe a dónde van, pero lo que sí sabe es que, sea a donde sea, con él siempre merecerá la pena. Ha llovido, y van esquivando los charcos de la acera. Ha llovido tanto que el aire de ciudad se ha limpiado completamente. Edificios, personas, sonidos... todo parece quedar en un segundo plano. Lo mira, caminando rápido, perdido en sus pensamientos, como de costumbre.

Aún así, acelera el paso, le coge de la mano y se dirigen a la boca de metro más cercana. Cuatro paradas. "¿Es aquí donde nos bajamos?", pregunta una y otra vez. Niega con la cabeza, y se le vuelve a escapar una sonrisa traviesa. En el momento más inesperado, le agarra del brazo y abre la puerta. ¡Aquí es! 

Ha empezado a llover otra vez, no llevan paraguas, pero es agosto, y en el fondo no les importa empaparse. De repente, todo está claro. Justo hace diez años, el mismo sitio, la misma parada de metro donde se vieron por primera vez. "Es el origen de todo".

"And if you have a minute, why don't we go
talk about it somewhere only we know...?"

martes, 2 de septiembre de 2014

Deathly Sunrise


Se despiden en la estación, prometiéndose que se volverán a ver, aunque ninguno de los dos puede estar seguro a estas alturas. Si no es la distancia, será la vida. Si no es la vida, serán ellos mismos. No existen los finales felices cuando los comienzos han sido tan inesperados. 

En el tren, ella piensa que no debería haber sucumbido a los impulsos, que no debería haberse enganchado a esos ojos de un mar intenso, a los besos de un casi desconocido, por muy fuerte que hubiera sido la conexión.

En el autobús, él todavía recuerda su tacto suave, el roce de su pelo sedoso, y se maldice por haber dudado, por haberse querido engañar, por casi haberse convencido de que no tendría por qué haber una segunda vez. Ni una tercera. Ni una infinita.

"Ahora que te he conocido, ¿le pondrías pegas a no vernos nunca más?"

La primera luz del amanecer trae un aroma mortal, a resaca, a despedida, a incertidumbre. Los recuerdos de esa noche se difuminarán día tras día, mes tras mes, año tras año, hasta que sólo quede una sombra de lo que pudo ser y no fue. 

Lost in space

Es la mirada del loco, esta vez se posa en mis ojos. Desencajado, casi en trance me encuentra la madrugada. Lentamente, la sangre decide pararse, se congela en las venas, se hace pequeños cristalitos de rubí, tan valiosos como hirientes.

El cerebro se me llena de “por qués” y “cómos” y “cuándos”. Saturado, sufre otro cortocircuito, y lo irracional se hace carne, ser crispado e impaciente.

Una a una, me trago las perlas de la posibilidad para dejarme las espaldas bien cubiertas. Si no me lanzo, no habrá red para recogerme, ni escoba que barra mis pedacitos. Pero tampoco puedo seguir viviendo en este limbo que me permite flotar, esquivando el punto justo donde se forman las tormentas.

Me afano en seguir disfrazándome de dragón, pero el fuego ya no es tal, y he de asumir que nunca lo fue. Intento disfrazarme de fantasma, pero siendo realistas, sé muy bien que jamás he logrado atravesar una pared. La sangre seca  puede dar fe de ello.

La rutina me deja las manos del color de la medianoche y el alma desteñida. Improviso sonrisas, ensayo una y otra vez más de cien voces de ventrílocuo. Me fuerzan a que sea más de lo que soy. Ahora soy un pañuelito blanco que dice “adiós adiós”. Ahora soy una calculadora pasada de moda y sin pilas. Ahora soy el marco dorado de un espejo.

Nunca seré transparente. Ni brillante. Ni vívido. Tampoco podré atravesar las miradas. Ya no recibiré la única sonrisa que me ha preocupado siempre.

Las calles son cada vez más estrechas. Se convierten en trampas donde la especie humana  invierte en tremendismo y estupor. Sé que un día la lluvia se lo volverá a llevar todo. Sé que entonces me dejaré arrastrar. El destino, ese donde tú ansías llegar.

Déjame. Cada noche cierro los ojos y olvido uno por uno los sueños de mi pasado. Por cada sueño que olvide, me merezco una puerta. Rojas, por los sueños tórridos, que nunca me atrevía a hacer realidad. Verdes, por esos sueños que deseaba con todas mis ganas convertir en premonitorios. Azules, por aquellos dulces pero tan tristes que marcaban un camino de sal en mis mejillas. Negras, por las pesadillas de muerte y caos. Blancas, por esos sueños borrosos a medio camino de la vigilia…


Sé que un día, cuando despierte, tendré una llave bajo la lengua. Abrirá una puerta y me lanzaré.