domingo, 10 de abril de 2016

So long, my friend...


Tres años y unos meses ha durado la aventura. No, no me he cansado de escribir, de visualizar historias mientras escucho música, de reflexionar sobre artistas, discos y conciertos. No tiene que ver con eso.

Necesito recomponer los pedazos, ser un todo, no fragmentarme tanto en las redes. Así que todos los escritos, tanto los que ya han sido publicados como los que puedan estar al caer, pasarán poco a poco a otro lugar, no necesariamente mejor, pero... diferente.

¿Habrá cosas que se pierdan? Por supuesto. Tiendo a leer y releer, y avergonzarme de mucho de lo que escribo. Pero habrá muchas otras que no. 

La idea es la siguiente. Poco a poco, este blog irá perdiendo entradas, hasta que sólo queden la primera y ésta, que será la última. Y entonces, será cerrado.

Ya lo cantaba Patrick Wolf en "Eulogy": So long, my friend, there must always be an end.

Las sombras de canción, cada vez más sombras, se asomarán en:

domingo, 16 de noviembre de 2014

Soliconciertos (I)


Se dijo a sí mismo "no pasa nada, tienes que intentarlo al menos". Hacía más de dos años desde la última vez, pero esta vez era diferente. Había vuelto a dar pasos en falso. Se había arrepentido del renuncio máximo que trajo la última primavera. Todavía guardaba los restos del desastre.

No fue uno. No fueron dos. Fueron tres. Oro, plata y bronce. La cosa vino así, la cosa surgió así. Sin pensarlo mucho, se lanzó a la piscina, pensando que hasta que llegara el momento (¡no! ¡los momentos!), todavía faltaría tiempo, y se podría mentalizar.

El primer momento llegó, inminente, aterrador. Por ser el primero, sería el más duro. Comprobó una y otra vez las coordenadas. Se pertrechó de melodías certeras, y allí se presentó. La batalla tendría lugar en una isla que no era una isla, pero esa era la impresión. El agua lo rodeaba casi todo, y coronaba su frente con gotas de sudor nervioso. Creía que todos podían oler el miedo, saborear lentamente su derrota. Pero, ¿qué derrota? Sería una victoria. 

En mitad de todo. Posición privilegiada. La expectación, el último arrebato que lo empujaba a irse corriendo por donde había venido. Pero ya era tarde. Todo comenzaba, con un aperitivo que sabía a poco, pero que abría el apetito a la perfección. El plato principal. La batalla. El momento en el que todo tuvo sentido. La magia, las ráfagas de artillería musical volando por todos los lados. Su mantra, o uno de todos ellos. El virtuosismo aplastante. Y él, en su sitio, vibrando, dejándose llevar, y pensando una y otra vez que habría sido idiota si no hubiera aceptado ese reto autoimpuesto. Casi se quedó sin manos de tanto aplaudir. Casi se quedó sin aliento de tanto sobrecogerse, momento tras momento. Hasta el final.

Y durante el camino a casa, el frío en el cuerpo pero el calor en el alma. Al día siguiente, tendría la garganta rota, pero sí, habría sido una gran victoria.

"When I wake up in Cascade Street
I feel nothing, I feel nothing..."

martes, 28 de octubre de 2014

For what it's worth

Lo mira de reojo en el cine, trazando rápidamente su perfil. Tiene unas ganas locas de cogerle de la mano, de tocarle, de rozarle... pero el gesto de concentración lo frena. No, no es el momento.

Ha terminado la película, y los dos se han quedado hasta que los títulos de crédito desaparecen, y se hace la luz. Quiere decirle que le ha gustado mucho, no sólo la película, sino el pack completo, pero de su boca sólo salen algunos comentarios sobre el argumento, los actores, las animaciones. No, no es el momento.

Su mente vuela al día en el parque, tumbados en la hierba, compartiendo retazos de dos pasados que, curiosamente se complementan y se reflejan mutuamente más de lo que pensaban. Tampoco entonces fue el momento de acurrucarse junto a él, apoyar la cabeza en su pecho y esperar a que el tiempo se congelara.

De camino a la estación, la anécdota graciosa le regala un momento de contacto: se le engancha del brazo, la suavidad le derrite. En una décima de segundo, imagina un gigantesco botón de "Pause", y no puede evitar sonreír.

En la estación, los caminos se separan, sentidos opuestos de una línea gris, como las despedidas. No. No es el momento. ¿No lo es? ¿Se volverá a quedar con las ganas? ¿Soportará el trayecto con todo el peso de las oportunidades perdidas?

El abrazo del adiós se prolonga unos instantes más. Se empapa de su aroma, de su esencia. Todas y cada una de las células de su cuerpo parecen gritarle "¡AHORA!".

Y justo entonces, es el momento.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Somewhere only we know...


Han pasado diez años, llenos de canas, risas descontroladas, caricias, pasión, discusiones, distanciamiento, ansias, besos, cambios de trabajo, de domicilio. Diez años de música, de ver películas acurrucados bajo una manta en quinientos días de invierno, de sueños aún por cumplir, de maletas y aviones, de pasteles y té. Ciento veinte meses que levantan el vuelo, y el batir de sus alas casi marea.

Lo mira mientras duerme, memorizando como cada mañana el ritmo de su respiración. Sonríe, y lo ve despertar lentamente. Se miran un instante, en silencio, reflejándose ambos en esos lagos de verde relativo. "Buenos días, guapo", casi susurra, justo antes de darle un beso.

En el abrazo, más largo de lo habitual, le susurra al oído "ven, te tengo preparada una sorpresa".  Con la sonrisa todavía pintada en la cara, no puede evitar dejarse llevar.

Salen del edificio apresuradamente. No sabe a dónde van, pero lo que sí sabe es que, sea a donde sea, con él siempre merecerá la pena. Ha llovido, y van esquivando los charcos de la acera. Ha llovido tanto que el aire de ciudad se ha limpiado completamente. Edificios, personas, sonidos... todo parece quedar en un segundo plano. Lo mira, caminando rápido, perdido en sus pensamientos, como de costumbre.

Aún así, acelera el paso, le coge de la mano y se dirigen a la boca de metro más cercana. Cuatro paradas. "¿Es aquí donde nos bajamos?", pregunta una y otra vez. Niega con la cabeza, y se le vuelve a escapar una sonrisa traviesa. En el momento más inesperado, le agarra del brazo y abre la puerta. ¡Aquí es! 

Ha empezado a llover otra vez, no llevan paraguas, pero es agosto, y en el fondo no les importa empaparse. De repente, todo está claro. Justo hace diez años, el mismo sitio, la misma parada de metro donde se vieron por primera vez. "Es el origen de todo".

"And if you have a minute, why don't we go
talk about it somewhere only we know...?"

martes, 2 de septiembre de 2014

Deathly Sunrise


Se despiden en la estación, prometiéndose que se volverán a ver, aunque ninguno de los dos puede estar seguro a estas alturas. Si no es la distancia, será la vida. Si no es la vida, serán ellos mismos. No existen los finales felices cuando los comienzos han sido tan inesperados. 

En el tren, ella piensa que no debería haber sucumbido a los impulsos, que no debería haberse enganchado a esos ojos de un mar intenso, a los besos de un casi desconocido, por muy fuerte que hubiera sido la conexión.

En el autobús, él todavía recuerda su tacto suave, el roce de su pelo sedoso, y se maldice por haber dudado, por haberse querido engañar, por casi haberse convencido de que no tendría por qué haber una segunda vez. Ni una tercera. Ni una infinita.

"Ahora que te he conocido, ¿le pondrías pegas a no vernos nunca más?"

La primera luz del amanecer trae un aroma mortal, a resaca, a despedida, a incertidumbre. Los recuerdos de esa noche se difuminarán día tras día, mes tras mes, año tras año, hasta que sólo quede una sombra de lo que pudo ser y no fue. 

Lost in space

Es la mirada del loco, esta vez se posa en mis ojos. Desencajado, casi en trance me encuentra la madrugada. Lentamente, la sangre decide pararse, se congela en las venas, se hace pequeños cristalitos de rubí, tan valiosos como hirientes.

El cerebro se me llena de “por qués” y “cómos” y “cuándos”. Saturado, sufre otro cortocircuito, y lo irracional se hace carne, ser crispado e impaciente.

Una a una, me trago las perlas de la posibilidad para dejarme las espaldas bien cubiertas. Si no me lanzo, no habrá red para recogerme, ni escoba que barra mis pedacitos. Pero tampoco puedo seguir viviendo en este limbo que me permite flotar, esquivando el punto justo donde se forman las tormentas.

Me afano en seguir disfrazándome de dragón, pero el fuego ya no es tal, y he de asumir que nunca lo fue. Intento disfrazarme de fantasma, pero siendo realistas, sé muy bien que jamás he logrado atravesar una pared. La sangre seca  puede dar fe de ello.

La rutina me deja las manos del color de la medianoche y el alma desteñida. Improviso sonrisas, ensayo una y otra vez más de cien voces de ventrílocuo. Me fuerzan a que sea más de lo que soy. Ahora soy un pañuelito blanco que dice “adiós adiós”. Ahora soy una calculadora pasada de moda y sin pilas. Ahora soy el marco dorado de un espejo.

Nunca seré transparente. Ni brillante. Ni vívido. Tampoco podré atravesar las miradas. Ya no recibiré la única sonrisa que me ha preocupado siempre.

Las calles son cada vez más estrechas. Se convierten en trampas donde la especie humana  invierte en tremendismo y estupor. Sé que un día la lluvia se lo volverá a llevar todo. Sé que entonces me dejaré arrastrar. El destino, ese donde tú ansías llegar.

Déjame. Cada noche cierro los ojos y olvido uno por uno los sueños de mi pasado. Por cada sueño que olvide, me merezco una puerta. Rojas, por los sueños tórridos, que nunca me atrevía a hacer realidad. Verdes, por esos sueños que deseaba con todas mis ganas convertir en premonitorios. Azules, por aquellos dulces pero tan tristes que marcaban un camino de sal en mis mejillas. Negras, por las pesadillas de muerte y caos. Blancas, por esos sueños borrosos a medio camino de la vigilia…


Sé que un día, cuando despierte, tendré una llave bajo la lengua. Abrirá una puerta y me lanzaré.

sábado, 15 de marzo de 2014

The Amos Chronicles (Pt. 1)

El primer disco completo que tuve entre mis manos (y en mis oídos) de la señora Tori Amos fue "Strange Little Girls", de 2001. 

Después de haber escuchado muchas canciones sueltas, de haberme dado cuenta que esta mujer prometía, que me estaba fascinando su universo, su diversidad de estilos, la voz personalísima y esa forma tan particular de tocar el piano (a veces suave como una caricia, en otras a pianazo limpio, otras tantas enmascarado entre sonidos de sintetizadores, pedales y efectos varios), me decidí a empezar a hacerme con su discografía. 

¿Por dónde empezar? Una buena idea habría sido empezar más o menos cronológicamente, pero dado que por aquellos entonces todavía estaba en el pueblo, donde sólo existía una tienda de música (y tampoco con un surtido muy amplio, todo hay que decirlo), la opción era clara: lo primero que pudiera pillarme. 

Me planté allí (conocía a la chica de la tienda, vaya si la conocía), y le pedí que trajera algo de Tori Amos. "¿Algún disco en particular?", me preguntó, mientras apuntaba el nombre, sin estar muy segura de si lo tenía que poner con y o con i. "Pues lo que sea, no sé, lo último...". Pasaba de pedir algo concreto, por si luego no lo podían localizar, no estaba... no sé. Quería ir a lo seguro.

A los pocos días, el disco que llegó fue precisamente "Strange Little Girls", que había salido a la venta hacía bien poquito. De él sólo sabía que era un disco de versiones (curiosa manera para empezar el viaje). Conocía el primer single, había visto el vídeo en un cíber-café (un archivo que se abría con el Real Player, con más píxeles que la madre que lo parió), y me había parecido brillante, tanto la canción como el vídeo (todavía es de mis favoritas, y la intro es todavía mi tono de llamadas del móvil), pero no tenía ni idea de lo que me iba a encontrar.

Echándole un vistazo al libreto, vi que a cada canción se le asignaba un personaje, una "strange little girl", que no eran otra cosa que Tori Amos disfrazada (quién me iba a decir que recuperaría la idea en el "American Doll Posse" de 2007), con una frase, fragmento de la historia corta de ese personaje. Dichas historias cortas las escribió Neil Gaiman, mi primer contacto con el autor, así que también puedo decir que este disco no sólo fue el inicio de un interesante periplo musical, sino también literario.

He de reconocer que la primera escucha fue... peculiar. En el primer corte, "New Age" (una versión de Velvet Underground), me sorprendió la voz grave y bastante rasgada de aquí la señora. Una canción más bien lenta, con teclado Wurlitzer, y unos toques de guitarra eléctrica en el estribillo, y un final totalmente cañero y potente. Se me quedó grabado el "oh, you little sick little fucks, it's the beginning of a new age...", y me pareció bastante apropiado.



Cuando escuché "97 Bonnie & Clyde", me quedé algo frío. ¿Dónde está aquí el piano? ¿Por qué se pasa prácticamente toda la canción hablando entre susurros? Un vistazo a los créditos, y pude saber que era una versión de Eminem. ¡Esta mujer está completamente loca! Es una canción que tardó bastante en convencerme. Creo que no fue hasta que pude entender la letra, y leer alguna entrevista en la que hablaba acerca del cambio de punto de vista de esta historia. Justo entonces logré apreciarla, y valorarla adecuadamente.

"Strange Little Girl" (versión del temazo de Stranglers) siempre me ha parecido la canción más accesible de este disco tan variado y tan difícil. El ritmo es increíble, el estribillo es una absoluta pasada, y el vídeo, tal y como he comentado antes, es una genialidad. De nuevo, Amos se apoya en los teclados y en el uso justo y necesario de la guitarra eléctrica.



Después del subidón del tema anterior, llegó una gran sorpresa, el archiconocidísimo "Enjoy the Silence", pero esta vez sustituyendo la gloria ochentera de Depeche Mode por un acompañamiento completamente minimalista: el piano, la voz de Tori, y al final algunos toques de cuerdas. Cuando estás tan acostumbrado a escuchar una canción, y de buenas a primeras te encuentras una reinterpretación tan radical, es fácil que te produzca rechazo. "Esto no es 'Enjoy the silence'", me dije una y otra vez, negando con la cabeza. Con el tiempo, la he visto como un momento de intimidad, de verdaderamente disfrutar del silencio. 



"I'm Not in Love", originalmente de 10cc, es una de las mayores paranoias de este disco. No hay nada de piano ni teclados de ningún tipo. Simplemente una base rítmica, bajo y algo de guitarra, y una voz segura y sensual que trata de convencernos que no, que ya no hay nada que hacer, que no hay amor, y que puede que nunca lo haya habido, "it's just a silly phase I'm going through..."

Otra de las canciones que desde el primer momento me gustaron un montón fue "Rattlesnakes". Esta canción de Lloyd Cole es también muy accesible, con buen tempo, un punto folk más que interesante, y una melodía preciosa (aunque ahí el mérito no lo tenga la señora, claro está). Como dato curioso, es la única canción de este disco que he escuchado en directo, una versión gloriosa en la que Amos comienza con los teclados, y luego pasa a simultanearlos con su piano. 



Tengo problemas con "Time", de Tom Waits, y no sé muy bien por qué. La melodía me encanta, el piano de esta canción (único instrumento de esta versión) es una gozada, la letra es buena... entonces, ¿qué pasa? Creo que es la forma de cantarla. Demasiado grave para mi gusto, no sé. He escuchado alguna versión en directo de este tema, y tampoco me acaba de convencer. En un maravilloso universo paralelo, a esta canción la habría sustituido en el disco una cara b de esa época, el "After All" de Bowie, absolutamente brillante.

Es muy divertido que, después de la bajona musical-existencial que te entra con "Time", el siguiente tema sea "Heart of Gold", de Neil Young. Oh, qué bonita canción, qué folk, qué reposada... PUES NO. Amos la transforma en un caos de guitarras distorsionadas, dobles voces, algo de piano, y un ritmo trepidante. ¿Cuál es mi veredicto? Pues que me apasiona. Me parece una de esas canciones que hay que ponerse a toda leche y cantar a voz en grito: "THAT KEEPS ME SEARCHING FOR A HEAAAART OOOOF GOOOOOLD, AND I'M GETTING OLD, I SAID, I'M GETTING OOLD..."


Y es que Amos es especialista en eso, en convertir una canción más o menos reposada en un chute de adrenalina, y justo después hacer lo contrario. El "I Don't Like Mondays", el clasicazo de Boomtown Rats, pasa a ser una canción reposada, casi una nana, con el piano eléctrico Rhodes. También me costó pillarle el punto (tal vez por haber escuchado demasiado la original), pero tiene sentido, dado el tema de la canción. Una instrumentación tan infantil, el horror acechando donde menos te lo esperas...



A pesar de lo que he dicho antes, que a veces cuando conoces mucho una canción, escuchar una versión muy radical de la misma hace que no te haga especial gracia la versión, me pasó todo lo contrario con "Happiness Is a Warm Gun", de los Beatles. Veamos a ver lo que tenemos aquí. Una canción de 10 minutos menos 5 segundos. Una reestructuración brutal de la canción. Una intro leída por Edison Amos (su padre), en la que habla del asesinato de Lennon, junto con extractos de discursos de George Bush padre e hijo, sobre el derecho a tener armas. Teclados eléctricos, piano, guitarreo, cambios de ritmo, improvisaciones e idas de pinza en medio de la canción. Esto, según iría descubriendo poco a poco, es la esencia de Tori Amos, y lo más parecido a sus idas de olla en directo con la banda, pero grabado en estudio.


A falta de las dos últimas canciones del disco, Tori no nos lo pone muy fácil. "Raining Blood", de Slayer, pasa de ser una atronadora canción de metal, a una intensa canción a piano y bajo distorsionado, lentísima, en la que Amos se luce con el piano, pero que no se parece absolutamente nada a la original. Eso sí que es una versión radical. 

¿Qué mejor manera de acabar el disco que con "Real Men"? Es otra de mis favoritas del disco, piano y unos toques de guitarra. Mientras el original de Joe Jackson no deja de ser algo cursi (a pesar del tema que está tratando), esta versión tiene bastante fuerza y sentimiento. "But now and then we wonder who the real men are..."



Con los años, y después de haber tenido tiempo de digerir el disco y compararlo tanto con lo que había hasta ese momento, como con lo que vino después, debo decir que es uno de los discos mejor producidos de Tori Amos. Dado que las canciones ya estaban ahí, lo más sencillo habría sido hacer unas versiones completamente clavadas a las originales (como hacen otros artistas). En lugar de eso, Amos se arriesgó a hacer algo muy diferente, unas reinterpretaciones radicales (algunas funcionan mejor que otras, eso es verdad), pero cuidando la producción al máximo. Es un disco ecléctico, suave cuando tiene que serlo, agresivo cuando toca, sensual, reivindicativo. Hay una variedad de teclados, que no tienen que luchar contra el resto de instrumentos, porque se les da el espacio necesario. 

En su momento, pensé que a lo mejor comenzar con este disco no había sido la mejor idea del mundo. Pero ahora, viéndolo en perspectiva, me alegro y mucho.